Septiembre 1928 – Penicilina: entre el azar y el conocimiento

El nacimiento oficial y reconocido de la Penicilina se da en septiembre de 1928, por Alexander Fleming. Este médico nacido en 1881 en Lochfield, Escocia, destacó en su juventud no sólo por su inteligencia sino que por sus cualidades de deportista, las que le permitieron obtener una Beca en la Universidad de Londres en donde él eligió el Hospital Saint Mary, para su práctica médica y donde permaneció hasta 1955, tres meses antes de su muerte.

Su trabajo se desarrolló en el “Departamento de lnoculaciones” de dicho hospital, y su labor profesional la dedicó a las inyecciones de Salvarsan a pacientes de sífilis en Londres. A diferencia de Tyndall, quien exponía sus tubos con caldo a la atmósfera por varias horas, Fleming, sólo abrió su placa por algunos segundos para sembrar Staphylococcus aureus. Esta breve exposición debiera haber sido muy breve para una contaminación por Penicillum, salvo que existiera en la atmósfera una gran carga de ellos.

 

 

Aquí comienzan una serie de elementos que el azar unió. En el piso de abajo del Laboratorio de Fleming, un micólogo estaba cultivando Penicillum notatum, por lo que al no existir forma de evitar que las esporas llegaran a la atmósfera, estas livianas partículas inundaban el ambiente del laboratorio de Fleming. Dado que Fleming salía a vacaciones por dos semanas, en vez de poner las placas en el incubador a 37°C, los dejó a temperatura ambiente.

El Staphylococcus se desarrolla extraordinariamente bien a 37°C, y si ese hubiese sido el caso, probablemente no se habría desarrollado el Penicillum; pero a las bajas temperaturas ambientales de Londres, el desarrollo de la bacteria es lento y por el contrario el hongo se desarrolla sin problemas a temperatura ambiente. A su regreso, encuentra entonces la ahora famosa placa con el cultivo de Staphylococcus contaminada con Penicillum, cuyas colonias producían una amplia zona de inhibición del crecimiento de la bacteria.

A diferencia de Tyndall, Fleming decidió investigar este fenómeno, y es este uno de los puntos más rescatables de su descubrimiento; en vez de descartar una placa que aparecía contaminada y que podría haberlo ofuscado, fue capaz de ver que ahí había algo notable e interesante que merecía una mayor investigación. Son muchos los elementos del azar que permitieron el descubrimiento y luego el desarrollo de la Penicilina, pero siempre el azar requiere el reconocimiento de la persona que tiene la suerte de enfrentarse a estos eventos.

Sin embargo, la historia de la Penicilina, afortunadamente, no quedó ahi . . .

El resultado de estos experimentos fue publicado en Lancet, 24 de agosto de 1940.

 

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